Historia de las bibliotecas públicas en Chile

Biblioteca Santiago Severín, V región

Si bien es cierto que las primeras bibliotecas abiertas al público datan del siglo XVIII de la mano de las congregaciones religiosas avecindadas en el país y de la labor desarrollada por la Biblioteca Nacional en cuanto a atención de público, la historia de las bibliotecas públicas como hoy las conocemos se inició en 1873. Ese año fue fundada la Biblioteca Santiago Severín de Valparaíso, primera y única biblioteca pública chilena hasta 1920. Un año más tarde, 1921, tuvo lugar el primer gran impulso de las bibliotecas públicas, la creación de la Dirección General de Bibliotecas, entidad mediante la cual el Estado asumía un rol abiertamente protagónico y comenzaba la organización de las diversas bibliotecas existentes a la fecha.

Cuando fue creada la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam), en 1929, el escenario era poco auspicioso, la mayoría de las bibliotecas sólo se consideraban públicas por atender a miembros de una comunidad, carecían de normas estandarizadas de atención y sus características raras veces eran similares.

Asimismo, los altos niveles de analfabetismo dificultaban la recepción de una biblioteca como una medida de alto impacto social. Surgió entonces la motivación estatal paternalista, la noción de un Estado civilizador, y dentro de esta la organización y mejora de las bibliotecas, las grandes reformas educativas y las campañas sanitarias.

Hacia 1978, la fundación de la Coordinación Nacional de Bibliotecas Públicas, trajo consigo la creación de un número importante, para ese entonces, de bibliotecas públicas a lo largo del país. Sin embargo, la metodología de creación y su implementación no guardó relación con lo que, en ese momento, se concebía como una biblioteca moderna: la infraestructura no era adecuada, el personal carecía de la capacitación necesaria, sus estanterías eran cerradas y las colecciones no tenían relación con las necesidades e intereses de los lectores.

El retorno a la democracia permitió el inicio de una real modernización de las bibliotecas públicas chilenas y su apertura a la participación ciudadana. A partir de 1993, la Coordinación pasó a ser la Subdirección de Bibliotecas Públicas, comenzando así un cambio radical en las políticas de bibliotecas y en la estructura de su organización.

Dentro de ellas, las palabras claves pasaron a ser "participación" y "planificación". Al mismo tiempo, la incorporación de la Misión de la Biblioteca Pública y la Planificación Estratégica se transformaron en los ejes articuladores de la gestión del sistema. Al interior de las bibliotecas, su desarrollo fue orientado a la integración de la ciudadanía, a la calidad de la atención y a la modernización y creación de servicios novedosos e integrados, lo cual se expresó en proyectos orientados a incorporar a la comunidad en su gestión y a llevar el libro y la lectura más allá de sus espacios físicos.

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